miércoles, 4 de febrero de 2009

MIS EXPERIENCIAS CON FANTASMAS

Una de las razones principales por la cual me interesan estos temas, es porque he sido protagonista de varios sucesos extraños en mi casa. Sé que es muy difícil creer en alguien a quien usted no conoce, pero le doy mi palabra que cuanto narraré a continuación, es auténtico.

Hasta donde sé, fuimos los primeros en llegar a este domicilio; los primeros en pegar un tabique y lo que se refiere a la construcción de una vivienda. Nada anormal había ocurrido.

El primer hecho inexplicable que viví fue cuando tenía 14 años. Me encontraba solo ya que mis papás, con uno de mis hermanos, habían ido a la iglesia a tomar unos cursos. Yo no asistí porque tenía un examen de química al día siguiente, además de que ir al templo no me parecía muy divertido.

Estuve repasando los apuntes y al ver que me faltaba poco, decidí tomar un descanso; eran alrededor de las 6:30 pm, apagué la única luz que tenía y me subí a mi cuarto. Después de ver qué había en la televisión, retomé el estudio. Ya concentrado de nuevo en las fórmulas químicas, escuché claramente cómo alguien entró a la casa. Pensé que se trataba de mi otro hermano que justamente ese día, llegaba tarde de la Universidad. Continué estudiando y no me extrañó que no subiera a preguntarme dónde estaban mis papás, ya que él lo sabía.

Pasó el tiempo y por fin había terminado. Al bajar por un vaso con agua, veo que todas las luces estaban encendidas, inclusive la del baño. Me molestó el hecho de que mi hermano fuera tan irresponsable al no apagarlas y por más que le hablé para regañarlo no me respondió. Pensé que había salido a la tienda, pero al no ver su mochila en la sala supe de qué se trataba.

Ante mi desconcierto, preferí alcanzar a mis papás a la iglesia; obviamente iba con miedo. Cuando los encontré allá les pregunté si alguno había regresado a la casa por algo y me dijeron que no. Les comenté lo que había pasado pero no me creyeron. Mi temor se hizo más grande cuando vi llegar a mi hermano de la universidad; ni siquiera le pregunté porque era más que obvio que él no había sido.

EL SALUDO DEL MUERTO

La segunda experiencia nos ocurrió en familia. Ya era noche y nos disponíamos a dormir, serían alrededor de las 10:45 pm. Los dormitorios en aquel entonces estaban arriba y no recuerdo el motivo, pero todos estábamos reunidos en la misma habitación.

El hecho, es que mientras platicábamos se escucharon tres golpes en la puerta principal de la casa; la puerta es de acero y no da a la calle. Lo extraño fue, -y no sé cómo describirlo- que supimos de inmediato que quien tocaba no era humano. Los golpes llegaban a la boca del estómago y en la vida, he sentido algo parecido. Nadie quiso bajar porque en verdad sí nos dio miedo.

Mis abuelos, que vivían al lado de nuestra casa, nos dijeron que a ellos les habían tocado pero en la ventana. Y como pasa en todas las historias de terror, nos enteramos días después que el hermano de mi abuelo había fallecido.

MIS INOLVIDABLES ABUELOS

Y ya que hablé de mis abuelos, permítame narrarle la siguiente experiencia que, a pesar de que yo no fui protagonista directo, creo en la autenticidad de la misma.

Cuando mi abuela Concepción murió, mi abuelo Juan por obvias razones, entristeció a tal grado de morirse también. Días antes, mi abuelo le aseguraba a mi madre que su Concha, lo había visitado y que le había dicho que no estuviera triste. Mi abuelo fue un hombre fuerte que a pesar de sus años jamás perdió lucidez y que, además, tenía facilidad para ver cosas sobrenaturales.

Precisamente la noche anterior en la que mi abuelo murió, él me encargó a mi mamá no como en otras ocasiones, sino a manera de despedida. No quise alarmar a mi madre comentándole esto pero, por desgracia, ocurrió. Fue un paro respiratorio mientras él dormía, lo reconfortante fue que no sintió dolor.

Tiempo después, una testiga de Jehová tocó a nuestra casa preguntando por una viejita con paliacate, –como lo usaba mi abuela- y mi madre mas que molestarse, le dijo que no vivía ninguna viejita en la casa.

Ella insistió y le dijo que no tenía ni una semana que había charlado con ella. Lo curioso es que justamente en esos días, nosotros viajamos a San Luis Potosí para visitar una tía. La señora se fue y no regresó, no porque tuviera miedo, pues nunca se le dijo que mi abuela había muerto.

Quien afirma que sí vio a mi abuelo, pero en otro lado, fue mi hermano mayor; incluso llamó a un conocido programa de radio para narrar su experiencia. Él asegura que cuando vivía en San Luis Potosí, vio en la calle a un anciano muy parecido a Juan Castillo.

Mi hermano estaba con un amigo en la calle, platicaban de trivialidades cuando un señor de avanzada edad, y paso lento, se acercó a ellos. Preguntó por una dirección y una vez orientado, continuó; ya en ese instante mi hermano lo había reconocido.

Cuando el viejito se alejaba, mi hermano no salía de su asombro; su amigo le preguntó que qué tenía, que por qué esa cara de espanto. Mi hermano le contestó que ese anciano era su abuelo fallecido. Al principio no le creyó pero, al buscarlo, –él suponía que lo encontraría a escasos metros- ya no estaba.

NO ERAN LADRONES

Otra experiencia me ocurrió a finales del 2003 en la antigua habitación de mi hermano. Tenía poco que él se había mudado a la parte de abajo, así que por fin tenía en dónde ensayar con mi grupo; el tamaño de este cuarto era grande, ya que hasta cabía una batería completa.

En aquella época, mi hermano pertenecía a un grupo de jornadistas, así que una vez a la semana tenía junta con el sacerdote; las reuniones eran en las noches y terminaban casi en la madrugada. Como mi hermano cada vez llegaba más tarde, mi madre me pidió que le sirviera de soplón, que le dijera a qué hora llegaba. Esa tarea no era difícil, ya que en donde ahora dormía pues daba a la calle y escuchaba cuando llegaba, abría el zaguán y metía el carro.

Esa noche lo estuve esperando, pero la verdad me comenzó a dar sueño y ya cuando estaba a punto de quedarme dormido escuché pasos. Pensé que era él, pues aún había algunas cosas suyas en el closet y supuse que había entrado por ellas. En ese momento ya se me había espantado el sueño y totalmente despierto, oí cómo levantaban unos libros y los hacían a un lado. Se me hizo raro que no prendiera la luz, pues a él no le hubiera importado.

¡Pero en un instante me acordé que mi hermano aún no llegaba! Sabía que no se trataba de mis papás o de mi otro hermano porque ellos a esa hora ya estaban dormidos.

El temor se apoderó de mí y lo primero que pensé fue que eran ladrones, pues tal vez habían entrado por la puerta de arriba. Así, con mucha cautela me levanté y sin nada con qué defenderme fui a ver de qué se trataba; yo esperaba incluso hallar a alguien escondido. Pero...¡nada! no había nada. Pensé ahora sí en fantasmas, lo cual no había considerado.

Ante este misterio, traté de emular los sonidos que había escuchado. Puse una pila de libros a medio caer, y dejé que se deslizaran pero no, no era lo que había escuchado. Me fui a dormir y a los 10 minutos llegó mi hermano.

Éstas son tan sólo algunas experiencias que he vivido, tal vez en otra ocasión pueda narrar otras que son más espeluznantes.

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