domingo, 19 de junio de 2011

EL FRAILE QUE NO SE MOJABA (del nuevo libro MITOS Y LEYENDAS DE LOS MEXICANOS pronto a publicarse)




El fraile al que se refiere la leyenda fue Agustín de San José, originario de Zeolledo, España. Este buen hombre se caracterizó por cumplir al pie de la letra el evangelio; siempre vio por los enfermos y por todo aquel que necesitara un poco de la palabra de Dios. Incluso visitaba comunidades marginadas para anunciar el evangelio; confesaba a todos y les dejaba comida a los más necesitados.


Por todas estas buenas acciones, Fray Agustín –quien por cierto dejó las riquezas que tenía gracias a su familia- se ganó el mote del fraile dadivoso; se dice que incluso a veces no comía para darle ese bocado al que lo necesitara.


La razón por la cual fray Agustín se convirtió en leyenda, -a parte de su conducta intachable como hombre de Dios-es que una noche de lluvia para nada se mojó cuando salió a confesar a un enfermo. En aquella ocasión, le pidieron que fuera a ver a un moribundo de la comunidad de Lerma. El fraile accedió y se encaminó al lugar, sin importar que en ese momento estuviera cayendo un tremendo aguacero.

Durante el camino, el médico del convento se topó al fraile; vio que iba todo empapado, así que le pidió que se subiera a su carreta, pues iban a visitar a la misma persona. El fraile se negó rotundamente y siguió caminando.

Cuando llegó el sacerdote a su destino, el médico se sorprendió al verlo completamente seco; le pidió que le diera su capa y ésta para nada estaba húmeda. No se sabe si ésta fue la primera y única vez que esto ocurrió, o si fueron varias, pero no es de extrañar que este tipo de hechos sorprendentes, ocurran a gente que está entregada a su vocación.

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