viernes, 21 de octubre de 2011

RELATO DE FANTASMAS (EXPERIENCIA REAL)



EL CASO DE LA SEÑORA PIEDAD

En un día común podemos interactuar con personas que jamás hemos visto, ya sea porque nos preguntan por una dirección o recibimos de éstas un servicio; el motivo o las circunstancias son variadas. Lo insólito de este hecho, -que podría parecer hasta aquí insignificante- es que en muchas ocasiones esta gente ya está muerta, y no lo sabemos hasta después.

Los hechos ocurrieron allá por el año de 1974 en Nicolás Romero, Estado de México. La protagonista de esta historia, la señora Piedad, recuerda así su experiencia:

“Yo vendía muebles, máquinas de coser, y al negocio llegó un señor ya grande de edad preguntando por una, la cual se la mostré; pero le mostré varias de diferentes precios y él se inclinó por la más cara. Para esto, me dijo que antes tenía que decirle a su mujer, traerla para que ella la viera, pero que sería hasta el sábado por que trabajaba. Le tomé su dirección y me dijo que era un domicilio conocido porque estaba en la calle principal, además que su casa era la única que tenía escaleras de cemento. Que preguntara por el señor Julio Sánchez.

Cuando regresé a Villas Nicolás Romero a visitar otros clientes, venía yo en el camión y sentí como si alguien me dijera “te tienes que bajar aquí porque debes ver a este señor”. Me bajé y le pregunté a una señora que dónde vivía el señor Julio Sánchez, y me dijo que adelante, donde estaban unas escaleras de cemento. Encontré las escaleras, toqué y salió una mujer joven y le pregunté que si no estaba su esposo y me dijo que no, que llegaba hasta las cuatro.

Me pasó y comencé a mostrarle los modelos que teníamos; a la señora le gustó el mismo modelo que al señor, pero me dijo que lo esperáramos. Cuando llegó el señor Julio Sánchez, no era el mismo que yo había recibido en el negocio, pues éste era un hombre joven, chino, alto y bien vestido. La señora en cuanto lo vio le dijo “te están esperando”. Al ver que no era él, lo que hice fue mostrarle el catálogo y él escogió la máquina más cara.

Se hizo el pedido, pagaron de contado y al otro día que fui a entregarles la máquina, le dije a la esposa del señor Julio: -Señora qué cree, que su marido no fue el que me vio en el negocio. –Sí porque él me dijo que yo se la había enjaretado para que me comprara la máquina, pero le dije que no...¿Pues qué señor la envió para acá?

-A mí me envió el señor Julio Sánchez, un hombre pues ya grande, y la verdad se veía pobre, por eso me extrañó que quisiera la máquina más cara.

La señora se me quedó viendo con asombro y su marido me dijo: -Sabe qué, el señor que usted busca es mi papá, pero tiene siete años de muerto.

Inclusive me llevaron al cuartito donde él vivía y el techo de su casita ya estaba hasta derrumbada”.