domingo, 4 de diciembre de 2011

EL FRAILE QUE NO SE MOJABA


El fraile al que se refiere la leyenda fue Agustín de San José, originario de Zeolledo, España. Este buen hombre se caracterizó por cumplir al pie de la letra el evangelio; siempre vio por los enfermos y por todo aquel que necesitara un poco de la palabra de Dios. Incluso visitaba comunidades marginadas para anunciar el evangelio; confesaba a todos y les dejaba comida a los más necesitados.


Por todas estas buenas acciones, Fray Agustín –quien por cierto dejó las riquezas que tenía gracias a su familia- se ganó el mote del fraile dadivoso; se dice que incluso a veces no comía para darle ese bocado al que lo necesitara.


La razón por la cual fray Agustín se convirtió en leyenda, -a parte de su conducta intachable como hombre de Dios-es que una noche de lluvia para nada se mojó cuando salió a confesar a un enfermo. En aquella ocasión, le pidieron que fuera a ver a un moribundo de la comunidad de Lerma. El fraile accedió y se encaminó al lugar, sin importar que en ese momento estuviera cayendo un tremendo aguacero.


Durante el camino, el médico del convento se topó al fraile; vio que iba todo empapado, así que le pidió que se subiera a su carreta, pues iban a visitar a la misma persona. El fraile se negó rotundamente y siguió caminando.


Cuando llegó el sacerdote a su destino, el médico se sorprendió al verlo completamente seco; le pidió que le diera su capa y ésta para nada estaba húmeda. No se sabe si ésta fue la primera y única vez que esto ocurrió, o si fueron varias, pero no es de extrañar que este tipo de hechos sorprendentes, ocurran a gente que está entregada a su vocación.


(CONTENIDO DEL PRÓXIMO LIBRO DE AMEZCUA "MITOS Y LEYENDAS DE LOS MEXICANOS").

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