lunes, 7 de abril de 2014

MI ABUELO Y LA BRUJA del nuevo libro RELATOS ESPECTRALES

MI ABUELO Y LA BRUJA (Francisco Guillén)

Mi abuelo vive en Atizapán de Zaragoza, fue de las primeras personas en llegar a este municipio. Cuando él fue joven, practicó el box, ya más grande, pues le gustaba ver las funciones de box por la televisión; en aquella época él no tenía tele, así que iba a un lugar que estaba por el municipio de Atizapán en donde pagaba por ver las funciones. Las funciones eran los sábados y terminaban pasando la media noche.
Una noche, mi abuelo en compañía de su hermano, regresaba a su casa de ver una función de box; cuando ya estaban por llegar, vieron en el cielo una bola de fuego. Él pensó que era una avioneta -pues antes, en Lomas Lindas, había una pista de aterrizaje para avionetas- entonces vieron que la bola se hacía más grande y que estaba arriba de su casa.

Él y su hermano corrieron hacia su casa porque pensaron que la casa se estaba incendiando, y al momento de correr y acercarse más, vieron que era una luz que prendía y que apagaba; lo que le pareció más extraño es que cuando disminuía su intensidad, ellos pudieron ver que era un bultote que echaba como chispitas sobre la azotea de la casa. Y cuando ellos vieron esto, supieron que se trataba de una bruja.

Mi abuelo llegó a su casa y comenzó a tocar, pero no le abrían. Por suerte su puerta era de lámina -con la que fabrican los tambos- entonces mi abuelito y su hermano, comenzaron a patear la puerta hasta que la tiraron. Entraron corriendo a la casa y fueron a los cuartos donde estaban durmiendo mi bisabuela –la mamá de mi abuelito- mi abuelita y tenían una niña recién nacida –en este caso era mi tía- entonces la niña lloraba y lloraba pero mi bisabuela y mi abuela estaban profundamente dormidas.

Entonces mi abuelo tuvo que gritar y cachetear a mi abuelita porque no despertaba porque, supuestamente, la bruja les estaba echando “el sueño” para que no despertaran porque, lo que trataba la bruja era chuparse a mi tía que estaba recién nacida, ella tenía como una semana de nacida.

Cuando mi abuelo logró despertar a su esposa y a su madre –mi bisabuela- les dijeron qué estaba pasando y se pusieron a rezar “La magnífica” pero la bola de fuego seguía en el techo. Entonces el hermano de mi abuelito, corrió a su casa –que estaba enfrente de la de mi abuelito- y fue por su escopeta y comenzó a tirarle al bulto que seguía en la azotea.

Mi abuela y mi bisabuela siguieron rezando la magnífica, entonces la bola de fuego brincó del techo hacia un árbol. Mi bisabuela siguió rezando pero, nada más se equivocó en una parte del rezo y la bola de fuego regresó y se plantó en la azotea. Entonces mi tío le siguió tirando con la escopeta pero no le pasaba nada; él sí le atinaba pero a la bola de fuego las balas no le hacían nada.

Entonces mi abuelita y su mamá comenzaron a rezar de nuevo, pero sin equivocarse y la bola brincó de nuevo hacia el árbol hasta que la bola desapareció en el horizonte.

Mi abuelo se enteró después que cerca de ahí, en unas cuevas que estaban en una colonia llamada 5 de mayo, vivía una viejita sola, que a la semana que pasó esto, a ella la vieron muy mal porque tenía heridas de bala en su cuerpo y no sabían por qué. 

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