domingo, 25 de mayo de 2014

JUGANDO CON LA OUIJA

LA OUIJA (Eduardo Reyes Ruiz “MISTER REYES”)

Tendría como quince o dieciséis años cuando mis primos y yo vivíamos en casa de mi abuela. Por curiosidad compramos una ouija y comenzamos a jugar todos. Al principio, comenzó a moverse poco, después juntaba algunas palabras; de repente algo cambio, al grado de que ya se movía más rápido el cursor y nos decía cosas que eran reales.

En una ocasión, una de mis tías que era escéptica, se reunió con nosotros para ver cómo jugábamos. Ella, por curiosidad, pidió hablar con su papá (mi abuelo) que ya estaba muerto. La tabla no se movió, ni nada, pero a la mañana siguiente, mi tía se paró llorando porque mi abuelo se le apareció en sueños, y ella se espantó; él le dijo, “PARA QUÉ ME LLAMAN SI SE VAN A ESPANTAR”

En otra ocasión, otra tía que era incrédula, retó a la Ouija para que le dijera algo que nadie más supiera, y la tabla le contestó que había un niño que le mandaba saludos y le pedía que no se preocupara, que él estaba bien con su abuelito y que ya mero llegaba su hermanito; mi tía había perdido un bebé y a las pocas semanas, ella se enteró que estaba embarazada. La Ouija incluso le dijo el nombre, y pues mi tía se puso a llorar a mares pues ese nombre ella le iba a poner. Increíble que la Ouija lo supiera.

Tratamos de calmarnos y, pues se fueron calmando las cosas. Escuchamos que tocaban con fuerza la puerta y escuchamos que era nuestro tío. Cuando pudimos abrir la puerta, nos dijo que llevaba rato tocando, que incluso ya la iba a tirar, pero nosotros jamás escuchamos eso. Les platicamos lo que había pasado y nos quitaron la tabla y jamás supimos que pasó con ella.

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