domingo, 18 de mayo de 2014

LA LLORONA LE METIÓ UN BUEN SUSTO A MI PADRE (Cristian Vega)


Hace veinte años o más, mi padre no sólo escuchó a la Llorona, ¡Sino hasta la vio! Esto ocurrió en Atizapán de Zaragoza, Estado de México. Mi padre, en aquel tiempo, jugaba mucho billar; se iba todas las noches a jugar billar con sus amigos, también tomaba.

En una ocasión, que él regresaba a su casa a eso de la media noche, algo ebrio, le dieron ganar de ir a orinar. Se metió en unas milpas que por ahí había y mientras estaba haciendo sus necesidades, comenzó a sentir mucho frío. Él volteó y vio una mujer con una especie de túnica blanca, flotando sobre el pasto cerca del río. A él le dio tanto miedo que se le quitó la borrachera; había una barda y la saltó del miedo, pero al caer, cayó mal y se dislocó el hombro. Aun así mi papá se echó a correr porque escuchó el lamento de la Llorona gritando “¡Ay mis hijos!”.


Mi papá llegó a su casa y lo vio mi abuela. Cuando llegó, lo regañó porque había llegado tarde y alcoholizado; pero cuando lo vio bien, mi abuela le preguntó que por qué estaba todo pálido; y mi papá le dijo que porque había visto a la Llorona. Mi abuela sí le creyó porque ella ya había escuchado a varias personas de por ahí contar algo similar. 

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